
¿qué hay de nuevo viejoooo?
Bueno, después de pasar una maravillosa y estupenda semana de vacaciones en Madrid ejerciendo de "ñoñovia in love", he vuelto a la realidad. La realidad está en las Canarias, en forma de instituto de secundaria, lleno de adolescentes con las mismas ganas de estudiar que tenía yo a esa edad, o sea, cero patatero. Y la verdad es que al volver a la isla, tenía ganas de todo menos de dar clase.
Si ya es difícil dar clase a adolescentes, más jodido es cuando se las das sobre algo que no es tu especialidad: música.
Mi primer año de profe...tengo mogollón de anécdotas grabadas en mi cerebrillo... No olvidaré mi primer día como docente. Yo estaba acojonadísima, y mi compañero de departamento me decía: mujer, no te preocupes, tú te presentas, que se presenten, les dictas el material que necesitarán, les dices cuatro cosas (vale, cuatro cosas, pero ¿cuales?) y ya está. Así lo hice. Los esperé en clase, y al sonar el timbre empezó a entrar un tropel de niños hablando, gritando, cantando, empujándose, llorando, peleándose por las sillas…A CO JO NAN TE. Cuando conseguí guardar orden y captar su atención, me vi ante la mirada de 28 pares de ojillos infantiles, y entonces lo supe. No, no voy a decir que supe que esa era mi verdadera vocación, ni que estoy hecha para esto, ni que esto está dominado, ni nada. Lo que supe es que tenía la cremallera del pantalón bajada, y que éste iba a ser un año totalmente diferente, que podría pasar de todo.
Al mes y medio de darles clases conseguí aprenderme los nombres de mis 239 alumnos, agrupados en su mayoría en Alejandros, Saras, Davides, Adrianes, Danieles, Nereidas y Amandas. Y he desarrollado una teoría/teorema (absurda, lo sé), y es que cuanto más raro e impronunciable sea el nombre del niño, más veces tendré que llamarlo para que se calle. Ejemplo: Estiflen… Streivennn (me pongo colorada)… Esteifen (estoy colorada y sudo)….Sterfen…. (estoy colorada, sudo, y los niños empiezan a mirarme con temor)….Stilven (yegua, tú puedes hacerlo, me digo)…Stephen (bien, pienso)… Stepheeeeenn, ¡¡¡que te calles ya!!!
¿Sabéis que de los cinco sentidos, el del oído es el que más utilizamos a lo largo del día? (no sé si es verdad, esto me lo dijo una vez una profesora que tuve), pues resulta que además es el que más aguante tiene. Y esto no me lo han dicho, lo se yo por experiencia propia. Aguantar durante tres o cuatro horas seguidas a 28 flautistas nóveles a la vez, ¡¡manda cojones!! ¿eh? La contaminación acústica llega a niveles inimaginables. Y eso que yo voy con ventaja porque como por uno de los oídos no oigo sino el 50%, así que sufro un poco menos el ataque de estos pequeños proyectos de flautista de Hamelin.
Cuando le pedí consejo a mi compañero de departamento para enseñar a tocar la flauta, algunos trucos y tal, me dijo: mujer, no te preocupes, tu vas les das una partitura, coges la flauta, les dices cuatro cosas (pero ¿qué cuatro cosas?, ¡¡por dios!!) y ya está, así tienes para un mes de clase. Así lo hice. La prueba de fuego llegó cuando en una semana, o algo así, examiné a 239 flautistas sin desmayarme en ningún momento. Soñaba con eso. La banda sonora de todas mis pesadillas eran el Himno de la Alegría y Noche de Paz. Ainnnnn santa paciencia que he desarrollado.
A mi compañero: ¿Me recomiendas alguna actividad para explicar las texturas? ¿Qué audiciones han hecho otros años para el Barroco? ¿La partitura para 3º podría ser esta? ¿Cueces o enriqueces? ¿awanbabuluba…balanbambú?…. y él: mujer, no te preocupes, tu coges cualquier fotocopia, les dices cuatro cosas (pero, leñe, ¿qué cuatro cosas?, ¡¡no me líes!!) y ya está, así tienes para un mes de clase, o dos.
Tengo alumnos de todo tipo: están los cabroncetes, los angelitos, los despistados, los empollones, los niños que parecen de primaria, los pasotas, los cariñosos, los parlanchines, los chistosos, los pelotas, vamos… que no me aburro.
Los cariñosos son como teletubis: vienen a abrazarte por nada, te besan y te hablan como si estuvieran en una serie de dibujos animados. Un día mientras explicaba para toda la clase, dejé caer mi mano sobre un pupitre y cuando me di cuenta, el niño me la tenía cogida y jugueteaba con mi anillo (qué mono, ainnss).
Los parlanchines son como tener la radio puesta en clase. Y cuando los mandas a callar te miran como si fueras la pantalla de la tele: te oyen pero no te responden.
Los despistados son mis favoritos. Me encanta fijarme en el que está más en la inopia, y preguntarles algo, cualquier cosa y ver la cara que ponen: a ver Jaimito, ¿cómo te llamas?….emmm ummmm no sé profe. A ver Jaimito, ¿eres zurdo?…..emmmm ummmm no sé profe, no me acuerdo.
Otro día haré una segunda parte sobre mis alumnos, la verdad es que dan para rato. A lo mejor para entonces mi compañero de departamento ya me ha dicho qué demonios son esas cuatro cosas.
Esto es toooooodo amigooooos!!!
